Chávez, Nietzsche y el Eterno Retorno

El Presidente Hugo Chávez en sus últimas disertaciones a la nación de forma reiterada ha invocado el principio del Eterno Retorno del filósofo alemán Friedrich Nietzsche y su obra “Así Habló Zaratustra”, el propósito de estas líneas es intentar conectar el sentido espiritual postulado por el Eterno Retorno, con la encrucijada existencial que vivimos los venezolanos y la figura del Ejecutivo Nacional.

A pocas semanas de la detección del cáncer en el organismo del Presidente Chávez, éste ha realizado una interpretación del “Eterno Retorno” como un principio de naturaleza mecánica del “constante regreso de lo mismo”, en palabras llanas, si el Presidente alcanzó el poder y ha gobernado con perfecto estado de salud por un lapso de doce (12) años, la circularidad que informa al Eterno Retorno entendido como actos subsecuentes que se repiten, hará que él regrese una y muchas veces para gobernar los destinos de la patria, como hasta ahora ha sucedido.

Como primera acotación, hay que señalar que todo ente existente (persona), tiene el derecho de luchar por la conservación de su salud, es decir, preservar las condiciones que le permitan sentir la vida, por lo que nuestro enfoque no va dirigido a la individualidad del Presidente como ser humano en la búsqueda del pleno restablecimiento de su salud, sino en el proceso espiritual que vivimos los venezolanos como nación, a la luz del Eterno Retorno.

El principio del Eterno Retorno es una concepción espiritual profunda, mística y trascendental dentro de los fundamentales postulados concebidos por el filósofo alemán, que se traduce en uno de los mayores retos de los seres humanos hundidos y asfixiados por la posmodernidad.

Aunque la obra estelar de Nietzsche es “Así Habló Zaratustra”, considero que un extracto más accesible del Eterno Retorno lo hallamos en su obra “La Ciencia Jovial”, que merece la pena transcribir, así: “El Mayor Peso: ¿Si algún día o una noche, un demonio se introdujese en tu soledad más solitaria y te dijese: “esta vida que vives y que has vivido habrás de volver a vivirla, infinitas veces; y no habrá nada nuevo en ella, sólo el mismo dolor y la misma alegría, los mismos pensamientos y los mismos suspiros, las mismas minucias y los mismos grandes momentos de la vida que vives volverán, volverán de nuevo, en la misma cadencia y sucesión, incluida la araña en el árbol y la luz de la luna entre las ramas, incluso este momento e incluido yo mismo. El eterno reloj de arena de la existencia será invertido una y otra vez, y tú con él ¡ínfima mota de polvo!”     

El principio del Eterno Retorno te saca de sopetón de los dos cuadrantes que subyugan la existencia de los seres humanos, a saber: el tiempo y el espacio, te coloca cara a cara con tu espíritu (luz/oscuridad; ángel/demonio) para conocer si estás dispuesto a inscribir la acción y la decisión en la llama de la existencia, para que retorne una y mil veces, infinitas veces, eternamente.

Cuando los seres humanos interiorizan el efecto inconmensurable del Eterno Retorno, poco importa la ubicación geográfica en el planeta, la condición social e incluso la salud, sino la asertividad con la que abraza una decisión para inscribirla con fuego en uno mismo.

Friedrich Nietzsche fue un ejemplo en vida de su filosofía, e hizo de su vida una obra de arte. El hijo de un pastor protestante quien falleció prematuramente, abandonó una carrera académica estelar en filología, agobiado por agudos dolores de cabeza producto de una enfermedad nerviosa, se vio obligado a errar por pensiones de Europa en la búsqueda de climas favorables a su delicada condición de salud, a automedicarse y sobrevivir con una mínima pensión que garantizaba la más elemental subsistencia. En una soledad casi absoluta, ya que ni el mundo académico, ni su familia comprendían la profundidad de su filosofía, incluso en una ocasión, la madre le recrimina en una carta y lo increpa diciéndole que su padre debe estar revolcándose en su tumba. Pero Nietzsche perseveró, escribía a ratos, cuando la salud se lo permitía y a través de aforismos, fue sacando adelante su obra, una obra que hoy día cobra más vigencia, que sigue en el eje del debate mundial por descifrar las claves para vivir en nuestro tiempo. Pero para el momento que le tocó vivir Nietzsche no fue entendido y con mucha entereza logró dejar su legado a la humanidad, casi con algo de vergüenza logró remitir 40 ejemplares de “Así Habló Zaratustra” entre allegados, muy pocos receptivos a las nuevos vientos que contrarrestaban el idealismo alemán, Nietzsche fue considerado un paria.

El filósofo alemán se convirtió en un ente creativo que venció la mirada de desprecio de la Universidad y de la sociedad, en la soledad más acuciante, la sensibilidad más portentosa que ha generado la humanidad en los últimos 200 años, generó la denuncia del nihilismo, la pérdida de sentido de la existencia sobre bases exclusivamente racionales, gestó los pilares para la liberación del inconciente que tomaría Freud y nos dejó la tarea por descubrir un sistema de reunión social que enarbole la libertad como conquista individual y no colectiva.

Retomando nuestra realidad Latinoamericana, el Presidente de la República apuesta a un Eterno Retorno como una repetición maquinal del pasado hacia el futuro y no como la consecución de la libertad individual como adopción del acto decisorio de manera trascendental.

El país que votó por Chávez en el año 1998, fue una nación insuflada por un sentimiento religioso del Siglo XV, según el cual, se cifran las esperanzas de salvación en la figura de un iluminado, entendido como un héroe externo a los cautivados por el sentimiento de adoración, que acude intrépido a la resolución de los problemas, una surte de mesías que conoce mejor que nadie los senderos que debemos transitar para alcanzar la felicidad como pueblo oprimido. Y como paladín de la justicia reúne todas las aptitudes de sacrificio y entrega para elevarnos por encima de la corrupción y las bajas pasiones que exaltan los amigos de la riqueza y el lucro.

Ese sentimiento de índole religioso se debió a la reunión de dos (2) factores químicos inflamables en la historia de la humanidad, como lo son la desesperanza de un pueblo decepcionado de una dirigencia con la cual ya no se identifica, con el arrojo de un militar que desafió al sistema político reinante y llenó el corazón hambriento de los venezolanos con la chispa que más anhela cualquier sociedad desilusionada, que no es otra, que pensar que lo imposible puede realizarse y hacerse posible. Así nuestra sociedad creyó fervientemente que un oficial de extracción humilde, con acceso al poder daría una vuelta de 180 grados a la Constitución, a las instituciones y por qué no a la felicidad de todos los venezolanos.                

La selección de fútbol nacional la Vinotinto, es una muestra de la época que nos toca vivir, no hay atajo sólo la concentración, el trabajo en equipo donde el todo es más que la suma de las partes, la dedicación y el esfuerzo construyen un resultado favorable para todos como sociedad.

El Venezolano, es un pueblo con el buen humor a flor de piel, con una imaginación atrevida, con un sentido común aventajado, pero como contrapartida nos desalentamos con facilidad, la energía y disposición del arranque se dispersa y difumina con rapidez, de allí que nuestro reto es que esa fogosidad casi explosiva, se convierta en un calor permanente que alimente un motor para un trabajo continúo, en sintonía con nosotros mismos y nos ejercité y prepare para recibir satisfacciones importantes, como las alcanzadas por la selección de fútbol.

Para el año 2012, los venezolanos inscritos por el propio Presidente Chávez en la posmodernidad que refleja la filosofía de Nietzsche, deben hacer gala de la asimilación del principio nietzscheano del Eterno Retorno, porque nos hallamos en una época en la que la libertad es una lucha espiritual individual, donde nadie puede protegernos o relevarnos de la descomunal tarea que conlleva el encontrarnos con nosotros mismos en la existencia, donde no hay cabida para iluminados, superdotados o líderes que estén facultados para masticar el alimento de la vida en nuestro nombre, donde estamos llamados a sustituir una espiritualidad medieval, según la cual buscamos y abrazamos la figura de un “elegido”, por una espiritualidad en la que aceptamos nuestras carencias y potencias y salimos con la frente en alto a enfrentar la vida con sus dolores y alegrías, una espiritualidad donde aceptamos el reto individual de ser libres y esculpir en piedra el eterno retorno de nuestras decisiones, como el pleno conocimiento de nuestro yo en el borde del abismo, debemos renovar con urgencia una espiritualidad del Siglo XV, por una espiritualidad del Siglo XXI.

@PiedraConAletas

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