En algunas de sus alocuciones más recientes Hugo Chávez invocó a sus partidarios y a la nación a la construcción de una “Espiritualidad Bolivariana”, tal aspiración no parece improbable en una persona que transita una enfermedad que compromete su existencia como lo es el cáncer y que, precisamente, por esa circunstancia azarosa e imprevista de luchar con un padecimiento, hizo que sus lecturas se volcarán al “Así Habló Zaratustra” de Federico Nietzsche, obra impregnada de una espiritualidad con principios metafísicos trascendentales como lo es: “El Eterno Retorno”.
Los planteamientos que hemos realizado nos obligan a contrastar los principios espirituales propuestos por el filósofo alemán, con el ser humano de carne y hueso que ejerce la Presidencia de la República de Venezuela, para comprobar si los principios espirituales de Nietzsche coinciden con las actuaciones que en la vida real ejecuta Hugo Chávez.
Una de las potencias humanas imprescindibles para el desarrollo del espíritu es una portentosa capacidad de imaginación e ilusión, diríamos inclusive que sin esta capacidad es imposible que el ser humano desarrolle capacidades espirituales. Ustedes se preguntarán: ¿Qué entiendo por capacidades espirituales? Y no es otra cosa, que una aceptación plena de las determinaciones concretas que nos impone la realidad, la vida, la existencia, tales como: que vamos a morir, que vivimos en un cambio permanente y que la mayoría de nuestros deseos no serán cumplidos. Esta aceptación plena del destino es lo que Nietzsche denomina “Amor Fati” y en un breve extracto de su obra lo ilustramos como sigue: “…no querer que nada sea distinto, ni el pasado, ni el futuro, ni por toda la eternidad. No sólo soportar lo necesario (…) sino amarlo”.
Una vez que hemos aceptado lo bueno y lo malo que nos depara la vida y asimilamos que somos una mota de polvo en el viento del cosmos, la conformación de una capacidad espiritual reclama una poderosa facultad creativa para sublimar el instante y hacerlo propio, esplendoroso y eterno. Regresamos al Profesor de Basilea para hilar las ideas: “Y eso a lo que habéis llamado mundo, eso debe ser creado primero por vosotros: ¡Vuestra razón, vuestra imagen, vuestra voluntad, vuestro amor deben venir de ese mundo!” (Nietzsche-En las Islas Afortunadas)
Como podemos advertir estas dos (2) características primordiales para la expresión del espíritu, a saber: aceptación plena de las determinaciones que nos impone la realidad y una portentosa capacidad de sublimación de esa realidad, a través de la afirmación de una subjetividad que parte de la más íntima esencia (mundo interior) de cada ser humano; estas cualidades las hemos visto manifestarse de forma excepcional en todas las religiones, en el arte y en una profesión de amor profundo y verdadero por otro u otros seres humanos, por la naturaleza y por los animales.
Ahora bien, debemos pasar a revisar si es posible entonces una Espiritualidad Bolivariana como lo pretende el Presidente.
¿Cómo comprobamos si es factible el surgimiento de tal espiritualidad en nuestro país?
La virtud y los valores dimanan de la elevación de los seres humanos que encabezan las instituciones. En Venezuela el líder máximo del Poder Ejecutivo es Hugo Chávez, el líder del Partido Socialista Unido de Venezuela es Hugo Chávez a quien se le denomina “El Comandante”, en franca alusión a quien imparte las órdenes estratégicas y para rematar quien saca del bolsillo el proyecto de construcción de una Espiritualidad Bolivariana a sus partidarios es Hugo Chávez, es decir, que la posibilidad del surgimiento de una Espiritualidad Bolivariana va a partir necesariamente de la existencia de potencias espirituales en: “Hugo Chávez”.
En el acto de Memoria y Cuenta del Presidente de la República en la Asamblea Nacional celebrado en enero de 2012, Hugo Chávez sometió desconsideradamente a la nación, a los diputados, a sus partidarios a un discurso de más de nueve (9) horas de duración, en algún momento de aquel interminable maratón de cifras, cuadros y proyecciones, la diputada María Corina Machado tomó el derecho de palabra y en el marco del juego político la diputada reta a debate al Presidente y llama la atención del mandatario acerca de dos (2) circunstancias, en primer lugar, el desabastecimiento de leche y en segundo lugar, la ineficacia del gobierno para brindar seguridad personal a los ciudadanos.
Hugo Chávez algo exaltado conmina a la diputada a que primero gane las elecciones primarias de la oposición para dilucidar si va a ser su contendiente para las presidenciales, para poder evaluar la posibilidad de un debate para las elecciones de Octubre de 2012, y seguidamente le lanza una frase que se ha convertido en un lema en su acción de gobierno, “Águila no caza moscas”, y para concluir, le aclara a la diputada que ella no se encuentra en su ranking, que no ha alcanzado la estatura para debatir con él.
Esta sola frase de cuatro (4) palabras desnudó la esencia del mandatario nacional y sus aptitudes espirituales como líder de la revolución, veamos:
Como lo habíamos dicho una de las condiciones primordiales para el surgimiento de la espiritualidad es la existencia de una libertad creadora vinculada a la esencia o mundo interior de cada ser humano, en consecuencia, van a existir tantos mundos como seres humanos sobre la faz de la tierra, y cada mundo tiene tanta validez como cualquier otro, de allí que la dignidad humana dimana del respeto al mundo ajeno al nuestro, lo que los psicólogos llaman “La Otredad”.
Cuando Hugo Chávez se dirige a la Diputada María Corina Machado y le deja bien claro que águila no caza moscas, lo que establece es la existencia de una ordenación por grados, una jerarquía, en otras palabras le dice: “Yo conseguí el favor del pueblo y ahora soy Presidente, por ende mi mundo, mi visión , mi subjetividad tiene mayor valor que el tuyo, no tienes “el ranking” para interactuar conmigo, porque yo estoy en una posición superior, mejor y privilegiada con respecto a ti.”
Estas cuatro (4) palabras “águila no caza moscas” revelan la imposibilidad de cultivo espiritual en Hugo Chávez Frías, quien en un ejercicio de soberbia atropelló la única potestad inviolable en una persona por ser inmaterial o metafísica, como lo es el derecho a liberar creativamente su subjetividad para la creación de un mundo propio, último reducto de la dignidad humana en la era posmoderna.
Nos vemos obligados a invocar por última vez al filósofo predilecto de Hugo Chávez, al filósofo del futuro, el de la gran denuncia del nihilismo Nietzsche: “¿Palabras y sonidos no son acaso arco iris y puentes ilusorios tendidos entre lo eternamente separado? A cada alma le pertenece un mundo distinto; para cada alma es toda otra alma un trasmundo.
Entre las cosas más semejantes es precisamente donde la ilusión miente del modo más hermoso; pues el abismo más pequeño es el más difícil de salvar.”
Hugo Chávez cerró su presentación extensa de la memoria y cuenta de su gestión en el 2011 leyendo a viva voz un extracto de “Así Habló Zaratustra”.
Recientemente en declaraciones del Ministro de Interior y Justicia del gobierno de Chávez, Tarek El Aissami reconoció que no habían podido revertir la perpetración del delito de homicidio en el país, que no habían podido romper “el piso duro de 48 homicidios por cada 100 mil habitantes.”
Lamentablemente la imposibilidad del desarrollo de una espiritualidad sentida en Hugo Chávez Frías, nos lleva a la conclusión contundente de la imposibilidad del surgimiento de una Espiritualidad Bolivariana, toda vez que no tiene una fuente de la cual dimanar, comunicarse y contagiarse, entre seres humanos distintos, contradictorios y errantes.
Finalizo con esta reflexión de la profesora mexicana de filosofía Juliana González Valenzuela: “…la auténtica comunidad es aquella que produce individuos autónomos, no es simplemente la suma de sujetos uniformes, sino que permite la diferencia, pues sólo a partir de ésta se da la comunicación. Si no se da la diferencia, sólo encontramos vidas mecánicas que se imitan unas a otras y que no son propiamente individuales y autónomas, de tal suerte que individualidad y comunidad se corresponden: se fortalecen mutuamente o se debilitan la una a la otra.”
La conclusión brota por sí sola, todos somos moscas en el devenir inexorable de la vida y de la existencia, intentando reconciliarnos con las veinticuatro (24) horas de vida que nos han sido concedidas para fundar una profunda y determinada capacidad espiritual, sólo entonces, cuando consigamos el abrazo sentido con el espíritu tenemos la posibilidad de transformarnos en águilas.