El título de esta nota en alusión a la película alemana de 1998 “Corre Lola Corre”, en la cual se presenta tres (3) veces un período de veinte minutos (20) en la que la acción inicia de la misma manera, pero con distintos desenlaces, por pequeñas diferencias en la trama, para hacer notar el denominado efecto mariposa.
La conexión entre Hugo Chávez y la película de Tom Tykwer, viene dada por los acontecimientos que se desarrollan en Venezuela en el año 2012, cuando escuchamos los discursos del Presidente pareciera que está en una versión de muy bajo presupuesto de “Corre Lola Corre”, pero a diferencia del film original en esta versión de mal gusto el Presidente se despierta un día cualquiera del año 1998 y al día siguiente se repite el mismo día de manera infinita. Si nos tomamos la molestia de escuchar los discursos del mandatario, luego de trece (13) años de gobierno, se invocan los mismos acontecimientos que dieron lugar a la asonada golpista de 1992, a saber: la corrupción del bipartidismo entre Acción Democrática y Copei, la ausencia de políticas sociales en la acción de gobierno, la imposición del imperialismo a través de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, la entrega de beneficios a las empresas transnacionales en el ramo petrolero, la satanización del Pacto de Punto Fijo, Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, la reivindicación de Cuba, Fidel Castro y Carlos Marx y con ellos una versión de Comunismo disfrazado de Socialismo.
Uno de los rasgos fundamentales del ser humano es una necesidad de conseguir poder y dominio y uno de las vías expeditas para intentar acometer tal pretensión contraria a la vida y la existencia, es tratar de sacar una foto de la realidad y pretender que esa realidad es inmutable, es decir, que no cambia.
En la ingeniosa trama de la película alemana el escritor divaga por la temporalidad de la condición humana, Manni el novio de Lola un hampón de baja monta pierde un dinero del jefe de la pandilla y ella debe ayudar a recuperarlo, para lo cual, en la escena inicial suelta el teléfono y sale corriendo en tres (3) carreras con finales diferentes a los que se llega por detalles que afectan la trama y su desenlace respectivo.
Los seres humanos vivimos transidos por el tiempo, lo que significa que somos y no somos lo mismo, que permanecemos y cambiamos aunque la necesidad, el temor y la sumisión nos impulsa a crear una falsa estabilidad, por el contrario, la realidad es que somos cambio permanente, un devenir sin comienzo ni final en palabras de Nietzsche.
Hugo Chávez en esta versión criolla de pésima calidad se levanta todos los días después de más de una década repitiendo el mismo argumento, interactuando con los mismos personajes y escenificando la misma trama de país, sin darse cuenta que su vestuario está roído y desgastado, que el público en las salas de cines bosteza y se le salen las lagrimas de aburrimiento, que clama por un cambio en la acción de la película y que está a punto de pedir a gritos el reintegro del valor de la entrada.
El pueblo venezolano avanzó, cambió y se transformó, prueba de ello es la votación masiva en las elecciones primarias de la Mesa de Unidad Democrática con más de 3 millones de votos, mientras que Hugo Chávez niega el carácter temporal del ser humano, condición indispensable para el ejercicio de la libertad, porque cuando encasillamos a la realidad en unos parámetros inamovibles, entonces tratamos a los hombres y mujeres como cosas, como objetos sometidos a las leyes de la física y no como seres humanos autónomos y libres, Chávez quedo atrapado en esta versión barata y de mal gusto que en lugar de maravillarnos ante las posibilidades y potencialidades de la condición humana fundamentadas en la libertad, nos muestra un discurso aburrido, reiterativo como sus cadenas interminables y aniquilador de la espontaneidad, por eso el pueblo le dirá en octubre: “Corre Chávez Corre”.